Ha costado que llegue el otoño. Las altas temperaturas, las poleras sin mangas, los escotes y faldas todavía siguen circulando por las callecitas de Santiago.
A falta de agua al menos hay hojas en el piso. No muchas, pero ya se asoman mañanas más heladas, tardes más oscuras y noches largas.
El cambio climático me está cambiando las estaciones. Por ahí mi hijo de apenas 5 años escuchó un antiguo dicho que versa, “abril, lluvias mil”. De lluvias ni hablar, por lo tanto me cuesta explicarle a mi pequeño de que antes, hace años atrás parece que caía más agua


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